Conspirando contra el Nuevo Orden Mundial
“En una época de universal engaño, decir la verdad constituye un acto revolucionario”-George Orwell

FUNDAMENTALISMO VERDE Y AMENAZA GEOPOLÍTICA-LOS MONOPOLIOS TERRITORIALES EN MANOS DEL ECOIMPERIALISMO


LA TENDENCIA DE LA GLOBALIZACIÓN A ESTABLECER PATRONES LEGISLATIVOS SUPRANACIONALES, A LAS QUE ESTÁN SUJETAS ENTIDADES DIVERSAS, ESTÁ GENERANDO ESTADOS NUEVOS DE DERECHO EN DONDE LAS LEYES LOCALES SE SUBYUGAN A LAS LEYES INTERNACIONALES BAJO LAS CUALES SE RIGEN CORPORACIONES Y ACTIVISTAS DE GRANDES Y PODEROSAS POTENCIAS, QUE LUCHAN POR EL MONOPOLIO TERRITORIAL DE VASTOS SECTORES, ALGUNOS ADQUIRIDOS DE CORDILLERA A MAR Y EN ZONAS DE VALOR ESTRATÉGICO EN LAS FRONTERAS INTERIORES E INTERNACIONALES, POR MANOS DE GRUPOS EXTREMISTAS Y FANÁTICOS DE CORRIENTES AMBIENTALISTAS CON FUERTE INFLUENCIA POLÍTICA Y ECONÓMICA.

¿Hacia un monopolio territorial “ecologista” en la Patagonia chilena?

El monopolio de un sector territorial específico es uno de los mayores peligros para la soberanía de la nación donde alojen, más aún si ello fomenta la autonomía y la independencia administrativa de los mismos. Peor acontece en el caso de territorios privados que colindan directamente con la frontera, situación que era controlada por una ley que impedía a los extranjeros adquirir tierras a menos de 10 kilómetros de la línea limítrofe, y que fue abolida por el Gobierno de Patricio Aylwin, precisamente cuando hacían su debut los magnates ecologistas como Douglas Tompkins.

Se recordará, por ejemplo, el caso de la ESO, organismo empresarial que recibió de Chile el generoso regalo de un monte entero en Atacama: Paranal, de 2.644 metros de altura y 72.000 hectáreas, al Sur de Antofagasta. Todo para cumplir con el capricho de que nuestro país tuviese “el telescopio más grande del mundo” que se proyectaba instalar allí. Sin embargo, desencuentros con sus aparentes dueños reales (una familia descendiente de un veterano de la Guerra del Pacífico, para aumentar más aún el sacrilegio) culminaron en procesos judiciales y contiendas. La organización transnacional ESO se gobierna con leyes de autonomía que no se relacionan con las legislaciones locales, lo que impidió, incluso, el ingreso de Carabineros y representantes del poder judicial a su propio territorio, como si este monte fuese la embajada de un país extranjero.

La negativa de Tompkins a cumplir con los acuerdos de 1997 suscritos entonces con el Presidente Frei Ruiz-Tagle y sus representantes, especialmente en el punto de traspasar la administración del parque a una entidad nacional, es acaso uno de los hechos más sospechosos de este asunto, y fue el detonante de la dura reacción contra el proyecto de parte de la Democracia Cristiana en el Congreso en junio y julio del 2001, entre los que figuraba el propio Frei Ruiz-Tagle, ahora Senador Vitalicio.

Tanto Tompkins como sus seguidores han declarado su preferencia de que el parque sea declarado “Reserva Internacional de la Biósfera”; esto significaría, como primer efecto, que todo el territorio quedaría bajo la administración de organismos internacionales y como objetos de derecho foráneo, exactamente lo mismo que ocurre en cerro Paranal y con la ESO.

Así se explica la negativa del magnate, entre otras cosas, a aceptar la continuación de la Carretera Austral por el interior de su “fundo”, luego de conseguir del Gobierno de Ricardo Lagos el nefasto acuerdo Tompkins-Huenchumilla de fines del año 2003.

Autonomía contra soberanía: concepto rupturista del ecofundamentalismo

Suponiendo como ejemplo un caso extremo, digamos el de un conflicto internacional, las leyes internas facultan la ocupación y disposición de territorios privados o parques nacionales. Sin embargo, en el concierto internacional, es absolutamente incierta la seguridad de que Chile pueda acceder militarmente por áreas de su propio territorio en situaciones de emergencia para la defensa nacional. Imaginar los organismo mundialistas arrojándose contra Chile por invadir una sagrada “reserva de la biósfera” o “santuario de la naturaleza” (aunque ésta se encuentre dentro de sus propios límites), no es tan difícil ni descabellado.

No se debe ser tan trágico ni concentrarse exclusivamente en el ejemplo de un asunto bélico para comprender que existen eventuales situaciones en las que la necesidad de acceder en urgencia a territorios privados y grandes áreas protegidas por manos particulares, podría verse dificultada, como por ejemplo, en el área productiva y de desarrollo. En este sentido, los juicios y las opiniones carentes de visiones estratégicas integrales resultan anodinos o incompletos.

La propia declaración de Tompkins en un cuestionario a la comisión investigadora, dice que el traspaso administrativo de Pumalín a una entidad chilena será efectuado con la incorporación de condicionantes y requerimientos “más detallados y específicos que la actual legislación sobre Santuario de la Naturaleza”, en un claro intento por insistir en el acercamiento de los territorios a la categoría de reserva Internacional de la biósfera. El diario “El Mercurio” del día domingo 6 de mayo del 2001, en las páginas B5 y B6, publica los siguientes comentarios sobre Pumalín que parecen confirmar muchos de estos temores sobre el compromiso de la seguridad nacional ante el sentido rupturista y fracturador que prima en la conciencia de los ecologistas fanáticos y millonarios, lamentablemente aceptada por el Gobierno de Ricardo Lagos Escobar:

“Coordinados por el ministerio Secretaría General de la Presidencia (Segpres), encabezado por Álvaro García, desde principios de este año se reanudaron los contactos con Tompkins para agilizar el proceso y, a su vez, acelerar los trámites para entregar la personalidad jurídica a la Fundación Pumalín, que administrará los terrenos.”

“Manejados con reserva, los acercamientos entre el millonario y la Segpres, sólo se conocieron cuando se hizo público que el Consejo de Monumentos Nacionales -entidad dependiente del Ministerio de Educación- le había dado el visto bueno a la solicitud de santuario, a principios de abril.”

“Un triunfo nada menor si se considera que conseguir ese estatus posibilita, entre otras cosas, limitar la intervención productiva en el parque, con el fin de preservar el ecosistema.”

Otro grave problema surge de determinar la extensión real del territorio que le pertenece a magnates como Tompkins, ya que -como él mismo lo admite- ha sido su hábito el recurrir a terceros para comprar terrenos en los que se interesa, incluso a su mujer, Kristen McDevitt, también dirigente de una fundación propia. Esta clase de triquiñuelas quedaron claras cuando el magnate intentó comprar, en 1994, un predio perteneciente al Ejército, a través del ciudadano británico James Goldsmith, su amigo y correligionario de la Deep Ecology.

El año 2000, un equipo de documentalistas del canal norteamericano de viajes y turismo “Travel & Adventures” visitó Parque Pumalín y entrevistó in situ al líder de la Ecología Profunda. En una relajada sesión, Tompkins declaró que las incursiones humanas dentro de su parque habían sido esporádicas, muy escasas y todas habían fracasado desde hacía años. De uno sólo golpe, medio siglo de colonización del territorio era simplemente hecho desaparecer en el sombrero del mago empresarial. Los documentalistas se retiraron, partiendo de vuelta a Puerto Montt y dejando la impresión a los auditores del documental, que “nada” había en Chile desde ese territorio hacia el Sur. Nada, salvo por supuesto, la infinita generosidad y desprendimiento del eco-filántropo de la Patagonia chilena.

Trabas a la regionalización y el desarrollo: la “limpieza étnica” en la zona

La limitación del desarrollo zonal y la pobre influencia de la nación en aquellos fragmentos de territorio, son una verdadera catástrofe para todo programa de regionalización y descentralización, además del desperdicio de inversiones efectuadas con ese espíritu, como la construcción de caminos, vías de comunicación, escuelas y otras formas de infraestructura. Tanto Parque Pumalín como todos los territorios que han comprado los magnates fanáticos de la ecología, pretenderían estar regidos únicamente por factores biológicos y leyes naturales, lo que implícitamente involucra el alejamiento forzado de la presencia humana.

Casi todos los colonos actuales de Palena constituyen la tercera o cuarta generación que habita los fundos correspondientes. Como en el caso de todos los pioneros de un territorio, ninguno de sus ancestros se vio en la necesidad de declarar títulos de dominio sobre un área rural que estaba prácticamente virgen y despoblada. Muchos de ellos continuaban en esta situación hasta que la llegada de compradores extranjeros como Douglas Tompkins o Jeremiah Henderson, obligó a estos colonos a sacar aceleradamente sus títulos y, los que no, fueron perseguidos y expulsados de la zona. Estas políticas de desplazamientos de seres humanos contra su voluntad tienen todas las características de políticas de “limpieza étnica”, desde el momento en que se pretende mover por métodos inaceptables un grupo de habitantes de una comarca.

Tal fue el caso del colono Atilio Ruiz Soto, quien con su mujer e hijos se trasladó, en febrero de 1989, hasta Caleta Gonzalo. En 1994 comenzó la gestión para legalizar su situación y fue cuando llegaron hasta él los representantes de Tompkins, con el objeto de convencerle de abandonar el territorio, como lo expresa un artículo de “El Mercurio” del 2 de julio 2001. En 1998 fue detenido por carabineros bajo la acusación de invadir “propiedad privada”, tras lo cual abandonó su casa y partió hasta Chaitén.

Hay casos bastante evidentes de esta “limpieza étnica”, como el de isla Talcan, entre Castro y Chaitén y perteneciente al grupo de islas situadas frente a Chiloé Continental y al norte del Golfo Corcovado. En 1997, Tompkins quiso comprarla y enviar desde el continente a varios colonos asentados en la zona de su “fundo”. Se recordará que, cuando Adolf Hitler propuso hacer lo mismo con los judíos concentrados dentro de los límites del Tercer Reich para reinstalarlos en la isla de Madagascar, la proposición fue considerada una monstruosidad y un abuso por la comunidad internacional, motivando un avance y bloqueo aliado sobre la isla. En el caso de Tompkins, en cambio, los “ecofilántropos” aplaudieron el proyecto y se lo intentó presentar como un gesto noble y humanitario hacia los colonos.

El congelamiento de las posibilidades de desarrollo de la zona también encuentra su fundamento en prejuicios e intenciones oscuras más que en objetivos concretos de conservacionismo. El hecho de perseguir a la industria salmonera, por ejemplo, ha encontrado justificación en el supuesto (y nunca verificado de modo definitivo) de que la cría de salmones afecta negativamente el ecosistema, contaminándolo y alterándolo, algo que los propios salmoneros se han encargado de desmentir al hacer notar que es, precisamente, un ambiente limpio y saludable el que ellos necesitan para el éxito de la cría de peces.

Otro caso es la negativa rotunda y obcecada contra la actividad forestal, en la que estos ecologistas extremos han planteado como única alternativa contra la depredación del bosque, sus posturas fundamentalistas en donde se parte con el axioma de que toda conservación pasa necesariamente por la exclusión de la presencia humana, algo derivado frecuentemente de la falta de conocimiento de muchos de estos activistas de la ecología, por su tendencia a mezclar argumentos científicos con emotividades, sensiblerías y reacciones viscerales no siempre bien respaldadas.

Más evidente resulta el interés del magnate por comprar el fundo Valle Chacabuco, a partir de mayo de 2004, área carente de todo valor forestal como los demás terrenos de Pumalín, pero que, sin embargo, tiene una gran valor importancia económica para Cochrane, dada la actividad ganadera que allí se realiza. Esta compra, por lo tanto, sólo es explicable por el interés del magnate por no permitir la existencia de focos de desarrollo económico en la zona de Chiloé Continental.

“Informe de Iron Mountain”: ecofundamentalismo como herramienta conspirativa

En años recientes, se ha popularizado una propuesta internacional denominada “Proyecto Gondwana”, que tendría por objetivo la creación de un parque mundial austral, al Sur del paralelo 40 del hemisferio meridional. Mientras en Chile los ambientalistas aseguraron en una de sus reuniones en Pucón, en 1999, que la idea del proyecto es de la escritora y ecologista Malú Sierra, en la Argentina se atribuye la misma, desde el encuentro de El Bolsón de abril de 2001, al dirigente ambientalista chubutense Lucas Chiappe. Lo cierto es que el verdadero origen del ahora llamado “Proyecto Gondwana” está en el calco de un plan norteamericano surgido en los sesentas, como un intento de frenar la caza indiscriminada de ballenas a través de la creación de un área marítima protegida al sur del paralelo 40, precisamente por ser esa zona de alta población de ballenas y lejana a los países depredadores de cetáceos, como Japón, Rusia y Noruega.

El asunto del “Proyecto Gondwana” y sus vínculos con idearios activistas de origen norteamericano no es casual. Un curioso y controvertido documento conocido como “Informe de Iron Mountain (Sobre la Posibilidad y Conveniencia de la Paz)”, fue filtrado en 1966 desde el Instituto Hudson, de los Estados Unidos. Según se creía, había sido creado por un grupo de académicos y expertos en el más completo secreto, a pedido del entonces Secretario de Defensa del Presidente Lyndon A. Johnson, Mr. Robert S. McNamara.

Por las características del documento y por haber aparecido publicado un año después de su supuesta producción “ultra confidencial”, muchos creen con buenos argumentos que se trata de una falsificación y de un texto apócrifo, creado probablemente por alumnos universitarios relacionados con algún movimiento político. Sin embargo, sus pasajes sorprenden al lector con una completa exposición en las que se dejan establecido lo que parece ser la verdadera razón de origen estratégico y político de los proyectos ecológicos y pacifistas internacionales, todos originados precisamente durante los años más intervencionistas de toda la historia de EE.UU. Sirvan de ejemplo los siguientes extractos:

* “La capacidad del hombre para incrementar su productividad en rubros esenciales para la supervivencia física, sugieren que la necesidad de protección ante hambrunas cíclicas puede hoy ser casi obsoleta. Correspondientemente, existe la tendencia a reducir la importancia aparente de la función básica ecológica de la guerra, que usualmente es ignorada por los teóricos de la paz…”

* “Otra tendencia ecológica secundaria sobre el crecimiento demográfico proyectado es el efecto regresivo de ciertos avances médicos. La peste, por ejemplo, ya no resulta más un factor importante en el control poblacional. El problema del aumento en la expectativa de vida se ha visto agravado. Estos adelantos también presentan un problema potencialmente más siniestro en el sentido de que las características genéticas que previamente se autoliquidaban, ahora pueden ser mantenidas clínicamente… Por el momento, el Departamento de Defensa parece haber reconocido tales factores que quedaron demostrados por el proceso de planeamiento actualmente llevado a cabo por la RAND Corporation para hacerle frente a la pérdida del equilibrio ecológico que se anticipa que ocurriría tras una guerra termonuclear…”

* “Considerando las desventajas de la guerra como mecanismo de control selectivo de la población, podría parecer que el diseño de sustitutos para esta función debería resultar comparativamente simple. Esto es así en teoría pero el problema de administrar la transición en el tiempo hacia un nuevo mecanismo de equilibrio ecológico hace que la factibilidad de la sustitución sea menos clara.”

* “La verdadera cuestión aquí, entonces, no se refiere a la viabilidad de un sustituto de la guerra sino a la problemática política de llevarla a cabo… el exceso poblacional es material de guerra. Mientras cualquier sociedad deba contemplar aun la posibilidad remota de una guerra, debe mantener el nivel poblacional en el punto máximo soportable, aun cuando hacerlo agrave de manera crítica las responsabilidades económicas. Esto resulta paradójico en vista del rol de la guerra en reducir el exceso poblacional pero puede ser fácilmente comprendido. La guerra controla el nivel general de la población, pero el interés ecológico de cualquier sociedad específica yace en mantener su hegemonía en relación a otras sociedades. La analogía obvia la encontramos en cualquier economía de libre-empresa. Las prácticas que resultan dañinas para la sociedad en su conjunto -tanto las competitivas como las monopólicas- son minimizadas a través de las motivaciones económicas conflictivas emergentes del interés individual capitalista….”

* “La guerra ha sido el principal mecanismo evolutivo para mantener un equilibrio ecológico satisfactorio entre la población humana bruta y los recursos disponibles para su supervivencia. Es un caso único de la especie humana.”

* “Un sustituto de la guerra en su función como el único sistema humano de control de la población debe asegurar la supervivencia, aunque no necesariamente el mejoramiento, de la especie en términos de su relación con los recursos del medio ambiente.”

* “El único problema aparente en la aplicación de un adecuado sustituto eugénico a la guerra es el de los tiempos. No podrá realizarse hasta tanto la transición hacia la paz no se haya completado, lo que involucra el serio riesgo temporal de un desastre ecológico.”

El grueso contenido del “Informe de Iron Mountain” nos lleva a preguntar si habrá realmente un fundamento conspirativo tras el declarado fanatismo del ecofundamentalismo de las tantas ONG que han aparecido en los últimos años, provistas siempre del arma del dinero, poniendo también en duda la veracidad de los sentimientos ambientalistas que animarían a los grandes dirigentes y millonarios de estos movimientos ecologistas (Nota: En 1997 Tompkins fue acusado por la CONAF de derribar bosque nativo para construir pistas de aterrizaje en sus territorios, especialmente en Tic-Toc, y en junio de 2001, el periodista Alipio Vera, con un equipo reportero de Canal 13, comprobó gráficamente la existencia de una barraca de alerce en el sector de Vodudahue y la presencia de rejas hechas con madera de bosque nativo protegido dentro de Pumalín).

La peligrosa y nefasta doctrina del “Ecoimperialismo”

La respuesta a las dudas y suspicacias suscitadas por el “Informe de Iron Mountain” quizás nos la de libro “Eco Imperialismo. Poder Verde, Peste Negra” (2003), del autor Paul K. Driessen, conocido académico de la Atlas Economic Research Foundation de los Estados Unidos y miembro retirado de organizaciones ecofanáticas como el Sierra Club y Zero Population Growth, que hoy le consideran un traidor a la causa. En la obra, el escritor denuncia la verdadera tiranía e inconciencia del fundamentalismo ambientalista, especialmente hacia la vida humana y los países tercermundistas.

Dice el autor que la necesidad de transparentar y responsabilizar “corporativamente” a las grandes compañías internacionales que son objeto de continuos ataques por parte de las organizaciones ambientalistas y activistas del mundo, también debiese ser exigida con el mismo rigor para estas mismas agrupaciones, como The Nature Conservancy, NRDC, Greenpeace, Friends of the Earth, Amnesty International, entre otras. Sin embargo, Driessen alega que, por el contrario, ellas se han incorporado a una “doctrina de la responsabilidad social corporativa”, muy difundida, por ejemplo, en los documentales del famoso cineasta norteamericano Michael Moore, que define como “participación de grupos de interés, desarrollo sostenido, principio preventivo y una visión particularmente sombría del mundo”.

En síntesis, la “responsabilidad social corporativa” se trata de buscar alcances por asuntos primordiales entre los asuntos derivativos, intentando identificar en una organización o una estructura dichas responsabilidades: el mecánico de un taller de vehículos es tan culpable como el gerente de la General Motors por la polución ambiental; el armero que ensambla revólveres en una maestranza es tan responsable como el delincuente que usa esa arma para asesinar a una víctima; etc.

Un caso ilustrativo es el que se presenta sobre la visión de los recursos en relación a este enfoque oscurantista de las responsabilidades, y que aloja generalmente en la conciencia de los fanáticos ambientalistas. Driessen lo describe así:

“Los eco-activistas creen equivocadamente, por ejemplo, que los recursos energéticos y minerales existen en cantidades finitas y que se están agotando rápidamente; que las actividades que llevan a cabo las corporaciones, especialmente las grandes compañías multinacionales, resultan inevitablemente en el agotamiento de recursos, en la degradación del medioambiente, y en el deterioro de la salud humana y de la sociedad toda, en el daño social y en un inminente desastre para el planeta; y que lo que dirige la toma de decisión de las corporaciones son las ganancias y no las necesidades y deseos de la sociedad y que bajo ningún punto de vista existe el deseo de servir a la humanidad”.

Esta singular visión supone necesario un control centralizado de la tierra y del uso de la energía dentro de un territorio, así también de la regulación de la producción económica, del consumo, de la capacidad de los mercados, de la fuerza laboral y, en general, una planificación socialista bastante dogmática y categórica, por lo que no es de extrañar su oposición al libre mercado y a la generación de riqueza por manos de grandes compañías (recordar atentados a cadenas internacionales de hamburguesas, bancos y otros). Como es de esperar, sin embargo, los sectores pobres o socialmente marginados son los que pagan más caro la aplicación de estas políticas de responsabilidad social corporativa. El mismo caso en que se encuentran los colonos de Pumalín, como se sabe.

Al respecto, resulta curioso que el campo de acción política preferido de los ecofundamentalistas sea, precisamente, el Tercer Mundo, los países pobres y en vías de desarrollo, los más dependientes de los recursos naturales que proporciona su territorio. En cambio, con las grandes potencias del hemisferio norte prácticamente no se meten, prefiriendo el enfrentamiento con compañías o cadenas corporativas que tengan sede en ellas por vías del activismo. La consecuencia es que la aplicación de estos criterios va marginando dentro de cada país sus propias posibilidades de desarrollo, como también sucede en Palena, con Parque Pumalín, al privar al resto de territorio de la capacidad hidroeléctrica particularmente valiosa de la zona, para un país escaso en fuentes energéticas como es Chile.

Un caso sorprendente lo apunta el propio Driessen, al recordar la hambruna que afectó a 2.5 millones de habitantes en Zambia. Estados Unidos intentó enviar ayuda humanitaria consistente en 26.000 toneladas de maíz, que hubiesen sido la salvación de varias familias. Sin embargo, una violenta presión internacional comenzó a ser ejercida sobre el Presidente Levy Mwanawasa para que rechazara la ayuda “yanki”, bajo el pretexto de que, al corresponder parte de la carga a granos transgénicos, eran peligrosos para la población. La Unión Europea, Greenpeace y los “extremistas verdes” de Europa colaboraron en esta campaña. Finalmente, Mwanawasa dejó los embarques acumulados en las bodegas (que la población desesperada incluso trató de asaltar) y declaró con ignorancia: “Preferimos morir de hambre antes que aceptar algo tóxico”. Nuevamente, ganaban los ecofanatismos… Y con ello también el hambre y la muerte.

Casos parecidos han ocurrido en Uganda, Sudán y Egipto, donde el único escudo contra el mosquito transmisor de la malaria podría ser el DDT, por su bajo costo y su efectividad. Conocidos los daños que provoca el pesticida, existen desde hace años normas que podrían permitir el uso de éste de manera controlada y supervisada para casos de emergencia como en esos territorios, pero la presión de los grupos ecologistas internacionales contra el DDT ha resultado mayor e insuperable. En consecuencia, datos de la Organización Mundial de la Salud demostrarían que el año 2000 la malaria infectó a más de 300 millones de personas, matando a unas 2.000.000 de ellas, la mayoría habitantes de las regiones ubicadas al Sur del Sahara. Más de la mitad de ellos eran niños, a un escalofriante ritmo de muerte de dos por minuto (3.000 por día).

Se recordará, por ejemplo, la campaña ecologista contra la Exxon Mobil, en los Estados Unidos, para exigir de la compañía actitudes precautorias contra el calentamiento global. La operación incluía teatro callejero, cartas públicas, presiones mediáticas y actos al estilo de las “funas” que se han popularizado en Chile. La monserga de los derechos humanos y las acusaciones apasionadas tampoco estuvieron ausentes. El punto es que, más allá de la legitimidad del reclamo de los activistas, quien en realidad coordinaba todos estos eventos era la Fundación de Texas para la Educación de Energía y Medio Ambiente (FTEEM), organismo que, a cambio, recibe buenas sumas de dólares desde la Energy Foundation, conglomerado conformado por la Fundación Rockefeller, Pew Charitable Trusts, Fundación John D. y Catherine T. MacArthur, Fundación Packard, Fundación Hewlett, la fundación McKnight y Fundación Joyce Mertz-Gilmore. Nada de extrañar a quienes saben que, en el caso chileno, Douglas Tompkis y los ecologistas profundos también están asociados a la Fundación Rockefeller y sus empresas reciben en los Estados Unidos ciertas facilidades tributarias como premio a sus “actividades ecológicas”.

Otro hecho inquietante es que estos grupos de fundamentalistas ecológicos, a pesar de su tendencia declarada como “antiglobalista” pero también antinacionalista y enemiga de las fronteras patrias, tienen una desafortunada tendencia a interferir o inmiscuirse directamente en asuntos de naturaleza política y territorial de otras naciones. Esto puede ir desde propuestas como la de declarar la Antártida territorio mundial sin ninguna clase de soberanía, hasta intervenciones de hecho en los procesos sociales de un país. Ya lo vimos en las protestas de comunidades indígenas en el Sur de Chile, en donde han sido detectados incluso algunos ecologistas extranjeros metidos en las revueltas y oscuramente introducidos en el país.

En este sentido, la campaña “indigenista” que logró frenar en Chile el proyecto energético de Alto Biobío -que originalmente contemplaba la creación de cuatro diques hidroeléctricos a parte de Ralco- es la misma que grupos ecologistas símiles han realizado en todo el resto del mundo, reacios a la instalación de energía obtenida de recursos hídricos o de plantas nucleares. Tal es el caso del proyecto de Planta Hidroeléctrica de Gujarat, en la India, que iba a dar electricidad a cerca de 5.000 villas y que también terminó detenido cuando ecoactivistas internacionales presionaron a las agencias crediticias para que retiraran el apoyo financiero del plan. La excusa no fue sólo el sentimentalismo análogo a los “indigenismos” vistos en Chile, en este caso señalándose que se “desarraigaría” a los habitantes ribereños del Guajarat, sino que se alegó también que el curso del río sería alterado y mataría la fauna que vive en los costados del caudal. Driessen agrega que el proyecto incluía un tratamiento de aguas para irrigación y consumo, que la habría puesto disponible para 35 millones de persona.

El diario “La Segunda” del viernes 20 de abril de 1999 publicó en su página 24, un interesante reportaje demostrando que existiría una gran relación entre el alzamiento de los mapuches que buscan directamente la fundación de un nuevo Estado en la Araucanía, con financiamientos provenientes desde Vancouver, Canadá. Otros tantos provendrían también desde España. Aunque el reportaje no lo menciona, muchos de estos contactos son de corte ecologista y secesionista, interesado en despertar en toda América fenómenos de emancipación indígena como los observados en Chiapas.

Sobre la negativa generalizada de los ecologistas a la presencia de plantas de energía nuclear (que en Chile resultarían quizás una salvación al problema del desabastecimiento energético), vale recordar que magnates ecologistas establecidos en el país, como el propio Douglas Tompkins, mantienen estrechos vínculos con activistas tan singulares como el norteamericano David Foreman, que en los años 80’s fue acusado de intentar colocar un aparato explosivo en una planta nuclear. Las actividades de Foreman, según fuentes norteamericanas, fueron financiadas desde 1996 por Tompkins, a través de su esposa. Foreman era el fundador de organizaciones fundamentalistas (y varias veces violentistas) como Sierra Club y ¡Tierra Primero!.

Ecología profunda: una idea noble con métodos abominables

Las dificultades de Tompkins y otros ecofilántropos con los colonos, como vemos, no son casuales. El fundamentalismo ecologista viene proponiendo desde hace muchos años la baja poblacional y el freno a la intervención humana en la naturaleza, algo contemplado en las propias bases de la Ecología Profunda, movimiento liderado por Tompkins. El principio N° 5 de las ocho leyes de conciencia del Movimiento, dice:

“El florecer de la vida y de la cultura humana es compatible con un descenso radical en el número de la población humana. El florecer de la vida no humana también necesita de este descenso”.

La Ecología Profunda nació hacia los años setenta en Noruega como parte del fenómeno hippie, cuando el eco-filósofo y montañista Arne Naess concluye en que la única manera de terminar con la intervención negativa del hombre con la naturaleza es, sencillamente, evitando todo tipo de intervención. Naess se inscribe entre los escritores influyentes del movimiento de la época, junto a Timothy Leary, Henry Thoreau, Aldus Huxley y otros, inspirados en el orientalismo y el pacifismo new age. A pesar de considerar al hombre como “parte de ella”, su ideología intenta trasladar las bondades del pensamiento democrático a las de algo tan distinto como la naturaleza, poniendo al ser humano en una categoría en donde no estará jamás en contra ni por sobre ella. La promoción del aborto es una de las acusaciones que más frecuentemente cae sobre sus militantes.

Hablamos de un “fascismo ecológico”, por decirlo de algún modo, en donde la Naturaleza es el Estado. Curioso es, sin embardo, que los defensores de esta tendencia rara vez se declaran tales: en Chile, ni los más acérrimos defensores del magnate de la Ecología Profunda, como la renunciada ex-directora de la CONAMA y gran receptora de aportes en dinero de Tompkis, doña Adriana Hoffmann, declaran sentirse afiliados a dicha corriente.

El problema de los fundamentalismos ecológicos es, sin embargo, que no han llegado a conseguir grandes logros para sus causas y sus propuestas suelen terminar comprendidos como utopías imposibles, reducidos únicamente a la protesta, la conspiración y la intriga. La pérdida de protagonismo del simpatizante Al Gore en la arena política norteamericana, ha constituido para ellos uno de esos graves retrocesos de los últimos años. Es por esta razón que han recurrido a recursos extremos, como atentados terroristas y hasta asesinatos con cartas bombas en casos terminales.

El despoblamiento y los problemas con los colonos, aunque carecen de la violencia manifiesta de un acto terrorista, son producto de las mismas concepciones fundamentalistas que han abordado a un grupo de fanáticos en franca retirada, pero cada vez más decididos a la imposición de su ecología “a toda costa” y, por lo tanto, más peligrosos e insistentes.

Debemos tener el claro que se trata con personajes involucrados con un sueño imposible, con un propósito utópico pero cuyo fracaso no es admisible, y con un movimiento cuyo objetivo de conciencia es arrastrar a las naciones hacia estados inferiores de desarrollo, en donde el ser humano en sí es un problema, una amenaza, y lo es, por lo tanto, toda forma de intervención u organización humana, por lo que necesariamente se pasa por sobre el reconocimiento de las naciones, de los derechos soberanos y de los límites territoriales. Dicho de otro modo: una muy buena idea, como es la preservación del bosque nativo, pero llevada de una mala aborrecible y condenable, a través de la intolerancia, el desprecio por la presencia humana, la falta de respeto a los acuerdos y las necesidades nacionales, además de las fundadas sospechas que no dejan de generar suspicacias sobre la verdadera naturaleza de proyectos de protección ecológica en los territorios comprados por magnates como Schidlowsky, Klein y Tompkins.

Anexo: Los principios fundamentales de la Ecología Profunda

Las siguientes, son las “leyes de conciencia” enumeradas por el fundador de la Deep Ecology, Arne Naess:

1.- “El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no humana en la Tierra tienen valor en sí mismos. Estos valores son independientes de la utilidad del mundo no humano para los objetivos humanos”. (Esta es la base del pensamiento de la Deep Ecology, al considerar que las leyes biológicas se anteponen a las humanas).

2.- “La riqueza y la diversidad de las formas de vida son valores en sí mismos y contribuyen al florecimiento de la vida humana y no humana en la tierra”.

3.- “Los humanos no tienen derecho a reducir esta riqueza y esta diversidad, salvo para satisfacer necesidades vitales”. (Sobre este punto, es necesario advertir que Naess considera que los seres humanos ya estamos pasados del nivel cuantitativo óptimo y que toda intervención actual no reviste de una “necesidad vital” que la justifique. Para Naess, el número apropiado de seres humanos en el mundo nunca debió superar los 100 millones).

4.- “La interferencia humana actual en el mundo es excesiva y la situación empeora en cada momento”.

5.- “El florecimiento de la vida y la cultura humanas es compatible con un descenso sustancial de la población humana. El florecimiento de la vida no humana no requiere ese descenso”. (Naess era un decidido defensor de lo que denominaba “el derecho a un aborto seguro” que tuviera por consecuencia el descenso poblacional, algo que los actuales ecologistas profundos esconden tercamente).

6.- “Deben cambiarse las políticas que afecten a las estructuras económicas, tecnológicas e ideológicas básicas”. (Esto explica la tendencia intervensionista).

7.- “El cambio ideológico consiste fundamentalmente en apreciar la calidad de vida viviendo en situaciones de valor inherente, más que adherirse a un nivel de vida cada vez más alto”.

8.- “Aquellos que acepten los puntos anteriores, tienen la obligación de participar en la habilitación de los cambios necesarios y hacerlo de manera pacífica y democrática”. (Hemos visto, sin embargo, que esto no siempre ha sido así).

CORPORACION DE DEFENSA DE LA SOBERANIA

Creada en 1960 como Comité Patria y Soberanía y fundada formalmente en noviembre de 1965. Constituida como Corporación en Escritura Pública del 7 de Junio de 1995. Personalidad Jurídica reconocida en Santiago el 2 de Abril de 1996, publicada en el Diario Oficial del 17 de Mayo de 1996. El material publicado en esta página no está siendo empleado con fines de lucro, por lo que autoriza su reproducción con objetivos informativos o educacionales. http://www.soberaniachile.cl – Santiago de Chile

Una respuesta to “FUNDAMENTALISMO VERDE Y AMENAZA GEOPOLÍTICA-LOS MONOPOLIOS TERRITORIALES EN MANOS DEL ECOIMPERIALISMO”

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